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un estudio sobre adán coprovich

poema

El país más allá de la pena

El país más allá de la pena

De la corteza del corazón brotan

nombres robados a la conversación de los amigos

una noche de mucha nostalgia

en que los vientos se apoyaban en el borde de la ventana

serenos e inquietos.

La dicha nunca entra de cara en la casa.

Por el cauce de tus lágrimas

he visto pasar el largo proyecto de las mujeres.

El sufrimiento recuerda su exigencia,

la solidaridad de los instantes

vividos y de los malos ratos

que también hay que vivir.

No te vayas cuando tu amiga llora

y te dice que está sola.

El silencio habla y nos es ajeno.

Es necesario que salgas de ti

y te sumerjas en la corriente de aire que restallará en tus ojos.

Espera si no comprendes de inmediato,

escucha, sonríe sin robar la respuesta

del otro.

Amar es llegar puntual

y no mirar nunca la hora. (1)

 

(1) Poema de Yvon Le Men.

Cómo resbala el sol...

Cómo resbala el sol...

CÓMO resbala el sol
sobre las hojas.
Sensación de que todo,
ahora, en torno a mí,
ha dejado de ser,
y no hay nada, no hay nada
que se pueda cantar,
si no es el canto mismo. (1)

 

(1) Poema de José Corredor-Matheos.

conversación en la isla

conversación en la isla

-Escribir un poema es intentar desatarse,
adivinar en qué mano está la moneda

-dije yo-. Tú mirabas
el sol igual que un fuego encima de la isla
y yo dije: -La poesía empieza
cuando ya has olvidado qué es lo que te asustaba
pero aún tienes miedo.

Yo veía
las torres blancas. Tú dijiste: -Es raro,
nos gustaría huir
pero nadie nos sigue.


Junto al agua,
partiendo nuestras vidas,
cortándonos las manos al coger los cristales,
tú dijiste: -La poesía es todo
lo que hay entre un disparo y el animal herido.

Parecías
tan lejos, tan a salvo
de ti y de mí;
distinta igual que siempre,
rota y vuelta a armar de una manera nueva.

El sol se fue. La noche
se acercaba y yo dije: -¿Recuerdas que jugábamos
a poner nuestros años
al lado de la Historia? Por ejemplo:
aprobaste Latín y Armstrong llegó a la luna...
Y tú dijiste: -El fuego
                                           de los días,
                                                                   la suma
de las horas,
las letras de "Armstrong llegó a la luna"...

Estábamos tan solos,
tan cansados,
como perros perdidos en medio de la lluvia,
como hombres mirando la noche desde una casa vacía.

Vi las últimas luces de la costa y el cielo
extraño encima de la playa. -A veces
-dije- no hay más que eso
y algún sitio donde ir pero ningún sitio donde quedarte
y palabras que son las piezas del abismo
y recuerdos igual que disparos en una diana.


Luego llegó la luz, el ruido azul
de la mañana,
mientras tú decías:
-Te di mi corazón y quisiste mis sueños,
te di mis sueños pero quisiste mi esperanza.
y yo dije: -Sí, es eso. Eso es todo:
una sola mujer y un millón de maneras de perderla.

Me miraste. Dijiste: -¿Y después? Y yo dije:
-Nada. Después no hay nada.
Después de eso
tenemos que estar juntos para siempre.


Nos quedamos callados,
junto al agua,
mientras la luz rompía el orden de la noche,
mientras el mar se estrellaba contra los nombres de las ciudades.
Mirando el sol sobre las torres blancas.
Cada uno observando su corazón moverse
lo mismo que un pez rojo en la oscuridad de un río.

La sombra de las torres se parecía a mi vida.

Cada uno protegido por su propio dolor,
como ángeles mirando una tormenta desde el fondo del cielo. (1)

(1) Poema de Benjamín Prado.

No es posible seguir sin detenerse

No es posible seguir sin detenerse

Mareado por las olas mira el mar

y el mar no está en ninguna parte, vibra

en su cabeza el mar, y si los ojos

cierra, el mar es el ruido que se fija

en la palabra mar: ni espuma, ni agua,

sólo el rumor del mar que lo marea,

sólo el mar tartamudo que repite

mar, mar, mar, sin dejarle nada más

que el amargo sabor del mar marcado

en la lengua, su mar, su conjugado

verbo mar que concuerda con los modos

impersonales nadie mar, no mar,

nunca mar y se dice totalmente

a sí mismo en la sílaba mar, breve

como la inmensidad del mar que nombra:

mar diurno, mar nocturno, mar que pone

en sus venas la sangre de otro mar

sin dejar de ser nunca el mismo mar

que lo marea, mar que no responde

a poderes terrenos, mar que cambia

su piel de mar y vuelve transformado

en un mar distinto que parece

soñar a otra persona frente al mar

y decirle: yo no soy mar, no soy

nada que pueda proclamarse mar,

ni agua, ni espuma, soy un mar vacío

de la oscura conciencia de ser mar.  (1)

 

(1) Poema de Carlos Schilling.

será que el alma tiene las ventanas abiertas

será que el alma tiene las ventanas abiertas

Será que el alma tiene las ventanas abiertas

o si no quién me explica

que esté hirviendo la mar y tenga frío.

De pequeño me dieron un mundo donde nadie

distinto a mí cabía,

era un mundo en que todo encajaba exactamente,

sin fisuras, sin piezas descolgadas,

sin helados de fresa,

un mundo en que sobraban finalmente los otros;

de pequeño tenía franqueados los puentes

y en las tardes dibujaba las islas recortando del aire el color sepia.

Pero ahora han crecido las excusas y han fallado las leyes,

dos y dos no son cuatro y el paisaje

se derrite en el bosque,

el mundo es gobernado por un dios vengativo

y no ajustan las piezas,

hace frío,

hay un viento que todo lo derriba y nos sentimos

colgados de un error como carámbanos

que no saben su oficio.

 

Será que el alma tiene las ventanas abiertas

y afuera sólo hay lluvia. (1)

 

(1) Poema de Vicente Martín Martín.

uno, dos, tres, cuatro

uno, dos, tres, cuatro

     UNO

las palabras. inertes. dejadas en el folio

son objetos. sobre el muro de la tierra

caen y todo es sólo un embrollo.

se animan cuando las desentierra

entre plumas y libros el escriba. un despojo

tranquilo enmarca esta vacía guerra

donde sólo consuela la condena

de escribir sin ya decir nada

que da lo mismo. que en definitiva

más allá no hay nada. y aquí no es bastante.

 

     DOS

en el soporte. la pluma y el lápiz

han duplicado en el libro el signo

claro y diverso al desafiar la vida

con la palabra. el texto. en el esfuerzo

por encontrar desde aquí una vía de salida.

el juego en la tinta del dibujo.

del saltimbanqui sólo queda un gesto

sobreentendido. en el horizonte del folio.

existir. este arte del embrollo.

o escribir. nada más salvo esto.

 

    TRES

palabra. así comienza un madrigal

escogiendo con precisión el signo. los versos

conducen una imagen mental

que aparece en el folio. delineándose

en el recuerdo de símbolos. virtual.

ciento diez sílabas que los diferentes

casos del sentido desvanecen. por lo demás

el escritor es su árbitro incomprendido

entre conceptos-ensamblaje y rimas. en este

cuadro. entre ludus y lusus. suspendido.

 

    CUATRO

el sujeto se sustrae. es absorbido

por el propio hacer sobre el folio un nudo

de formas o versos en un libro infinito.

las ruinas de la nada de tal modo

inscritas a ratos en rimas entre el bosquejo

del texto traman ligeros cualquier articulación.

queda. corpus vil. la filigrana

de una lábil silueta a contraluz

y el lápiz que deslizándose emana

el signo. que a las cosas reconduce. (1)

 

(1) Poema de Tommaso Lisa.

oda a un silencio

oda a un silencio

Poema experimental de Nuria Ruibal García.

valse en la plaza de yungay

valse en la plaza de yungay

La mujer de mármol, desnuda entre sus violetas,

se ruboriza al contacto del aire,

sus senos de manzana y heliotropo

mantienen la melodía provinciana del atardecer lánguido.

 

Curvas puras,

explosión de vida extasiada,

gota de belleza en suspenso, cantar.

 

Mis ojos la penetran de castidad

y la tarde vuelve la cabeza,

al sorprenderme en actitud

de cubrirle los hombros floridos

con mi abrigo de penumbras. (1)

 

(1) Poema de Winétt de Rokha.